El pasado diciembre nos encontrábamos en la prensa local la noticia de que el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria pretendía anillar unas 3.000 palmeras en la ciudad (ver http://www.laprovincia.es/las-palmas/2016/12/15/parques-jardines-pone-3000-anillos/890513.html; http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=445170). El motivo es evitar el daño sobre las palmeras de las mayores especies invasoras que existen en el Planeta, las ratas (la rata negra, Rattus norvegicus, y la rata común, Rattus rattus), causantes de multitud de extinciones, de enfermedades y plagas desde hace siglos, y de un gasto continuo por parte de organismos oficiales para intentar su control.
El sistema tampoco es nuevo. Se utiliza desde hace mucho en La Gomera para evitar que las ratas alcancen los cogollos de las palmeras cuando están en aprovechamiento, extrayéndoles la savia o guarapo. También se emplea en otros lugares de la Península donde las palmeras sufren los mismo ataques de los roedores (por ejemplo en Murcia http://www.laverdad.es/murcia/v/20130611/murcia/anillan-troncos-palmeras-para-20130611.html).
La iniciativa se saludó con alegría por parte de todo el mundo, excepto por las ratas se entiende.
Desde entonces se han ido colocando estas anillas a las palmeras de los principales parques y jardines de la ciudad, pero se están colocando tanto a las palmeras canarias, datileras, y a los múltiples híbridos entre ambas que pueblan nuestros jardines, como a las palmeras de abanico, al menos a las de la especie Washingtonia robusta. Estas palmeras tienen un tallo o estipe mucho más delgado que el de la palmera canaria, mucho más alto y liso en su mayoría. De tal forma que sería muy difícil que una rata pudiera subir por ellas hasta la copa. Y otra pregunta, ¿para qué subiría una rata a estas palmeras? Sus frutos son pequeños y poco carnosos, no como los dátiles y támaras del género Phoenix al que pertenecen la palmera canaria y sus congéneres.
En definitiva, la medida nos parece muy interesante tanto para evitar la proliferación de ratas en la ciudad como para impedir que estos animales suban a las palmeras a comer sus frutos. Pero no ocurre lo mismo en las palmeras de abanico. El ingente número de estas palmeras americanas que existen en la ciudad hace que gran parte de las 3.000 anillas que se pensaban emplear lo sean en esta especie, siendo un gasto bastante inútil, dejando quizá
otras palmeras sin protección y produciendo un impacto visual
importante. No olvidemos que la utilidad de estas palmeras es meramente
ornamental, y si dejan de realizar esta función, no tendrá sentido su
presencia en la ciudad. Sobre todo si pensamos en el potencial invasor
demostrado por esta especie.
Palmera canaria (Phoenix canariensis) anillada para preservarla del ataque de ratas (esto sí)
Grupos de palmeras de abanico (Washingtonia robusta) anilladas. Su altura y
su estipe delgado y liso hacen muy difícil imaginar que una rata, sin
el instrumental adecuado, pueda subir hasta las copas (esto no hace falta)
En ocasiones los estipes de Washingtonia robusta no pierden la
base de las hojas viejas y no es liso. Esto facilitaría la subida de las
ratas hasta la copa pero, ¿para qué subiría una rata a una de estas
palmeras? Nótese también el impacto visual de las anillas cuando el
grupo de palmeras es tan abigarrado como en las imágenes anteriores.
Biological Invasions in the Canary Islands
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miércoles, 25 de enero de 2017
Anillamiento de palmeras en Las Palmas de Gran Canaria: una buena iniciativa, una generalización probablemente innecesaria, un impacto visual importante y unas ratas escaladoras.
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Washingtonia robusta
sábado, 9 de enero de 2016
Siguen los problemas con la educación ambiental en Canarias: hacen pasar plantas exóticas por canarias.
Nuestro nuevo amigo Néstor Marrero Rodríguez nos ha hecho llegar unas imágenes captadas en el centro comercial El Muelle, de la capital grancanaria. Se trata de un lugar muy transitado por los cruceristas que llegan a la isla, y para ellos se venden en un supermercado de dicho centro distintos recuerdos de la isla. Entre ellos llamó la atención de Néstor unos recipientes de plástico en los que se vendían las "tres reinas de la flora canaria", a saber: Strelitzia reginae, la estrelicia o ave del paraíso, la palmera Wasingtonia sp. (sin precisar la especie), y la palmera canaria, Phoenix canariensis (se supone, porque tampoco está claro). Además de estas tres plantas, también se venden al público distintas mezclas de semillas, con la denominación de "semillas canarias", y otros envoltorios con semillas de estas especies y de Aloe sp. (seguramente Aloe vera).
Lo primero que llama poderosamente la atención es la consideración de algunas de estas plantas como canarias (la estrelicia es sudafricana, como el aloe o sábila, y la washingtonia americana), sino la falta de control de estas semillas. Este tipo de venta no sólo repercute en la educación ambiental de neustros visitantes y de nuestra propia población, sino que puede convertirse en un vector para futuras introducciones en otros paises y posibles invasiones biológicas. El comercio de semillas está regulado. Por ejemplo por los decretos de especies protegidas de Canarias, o por el catálogo nacional de especies exóticas invasoras. Pero más allá de su relación con la introducción de especies exóticas en territorios lejanos, lo peor es daño que se produce a la educación ambiental. ¿Cómo vamos a explicar a nuestros alumnos qué es una planta exótica y los problemas que puede acarrear su asilvestramiento cuando en nuestras tiendas pueden verse estos casos?
Por otro lado, Washingtonia robusta, seguramente la especie que se vende como canaria, está resultando una planta que se asilvestra cada vez más en nuestros campos y que ya ha entrado en algunos espacios naturales protegidos de Canarias. Es probable que en un tiempo pase a formar parte de algún listado, nacional o local de especies invasoras, por lo que su venta deberá regularse de manera importante.
Gracias a éstor Marrero Rodríguez por su sensibilidad con el tema y por hacernos llegar sus fotos que presentamos a continuación.
Las imágenes hablan por sí solas.
domingo, 22 de enero de 2012
La escorrentía del agua de lluvia en Washingtonia robusta y su comparación con lo que ocurre en Phoenix.
Muchas veces el cambio de una especie por otra de similares condiciones no suele llamar mucho la atención e incluso pasa desapercibido a nuestros ojos. Así, en las repoblaciones forestales se han empleado diversas especies de pinos (Pinus radiata, Pinus halepensis, Pinus pinea) intercaladas entre los pinos canarios (Pinus canariensis), y este hecho pasa desapercibido para muchos. También ocurre con otras plantas, como las palmeras. En ocasiones podría parecer que el uso de una especie de palmera u otra no presenta grandes repercusiones en el entorno, e incluso presenta algunas ventajas, como ocurre con las palmeras de abanico, como Washigtonia robusta o Washingtonia filifera, frente a las palmeras del género Phoenix, sobre todo Phoenix canariensis. Las palmeras de abanico antes citadas, de origen americano, son de rápido crecimiento y no sufren el ataque de algunas plagas, como el picudo o la diocalandria, por lo que son muy utilizadas en jardinería. Estas palmeras son dispersadas por las aves (sobre todo por el mirlo, Tordus merula) y se asilvestra e introduce en medios seminaturales próximos a las zonas habitadas. Por ser una especie llamativa, muchas veces no se eliminan estas palmeras de abanico de bordes de carreteras, campos de cultivo, etc.
Esta entrada quiere llamar la atención sobre los distintos efectos ecológicos de la presencia de ambas palmeras con un sencillo ejemplo: la escorrentía del agua de lluvia sobre ambas y algunas de sus implicaciones ecológicas.
En las especies de Washingtonia, de hojas en forma de abanico y paralelas al suelo, el agua de lluvia se recoge en ellas y se desliza hasta sus bordes por donde cae al suelo, tal como se aprecia en la disposición de la hierba en la zona donde crece la planta (ver imágenes 1 y 2). Esta zona periférica se ve favorecida por este aporte extra de agua, mientras que la base de la palmera apenas recibe la lluvia.
Esta entrada quiere llamar la atención sobre los distintos efectos ecológicos de la presencia de ambas palmeras con un sencillo ejemplo: la escorrentía del agua de lluvia sobre ambas y algunas de sus implicaciones ecológicas.
En las especies de Washingtonia, de hojas en forma de abanico y paralelas al suelo, el agua de lluvia se recoge en ellas y se desliza hasta sus bordes por donde cae al suelo, tal como se aprecia en la disposición de la hierba en la zona donde crece la planta (ver imágenes 1 y 2). Esta zona periférica se ve favorecida por este aporte extra de agua, mientras que la base de la palmera apenas recibe la lluvia.

Dos ejemplos de la escorrentía en Washingtonia robusta espontáneos en un cultivo urbanoEn las especies de Phoenix, las hojas son pinnadas, con los foliolos en V abierta hacia arriba, y muchas veces la hoja se dispone perpendicular al suelo, por lo que apenas recoge agua. La poca que es captada por la hoja viaja hacia el raquis de la misma cayendo hacia el tronco y empapándolo. De esta manera promueve el asentamiento de otras plantas, tanto en su base como a lo largo del tronco. El epifitismo sobre los troncos de palmeras canarias es un hecho bien conocido y aprovechado tanto por plantas autóctonas (Aeonium spp., Sonchus spp., Taeckholmia spp., Pericallis spp., etc.) como por plantas introducidas (Nicotiana glauca, Ficus microcarpa, etc.).
Ejemplo de escorrentía en Phoenix sp.
Es pues un aspecto ecológico importante el que se ve afectado por la sustitución de una especie por otra, y éste es sólo un ejemplo.
Hay que tratar con cuidado la elección de las plantas que introducimos en nuestros jardines y zonas verdes, y hay que conocer con detalle el efecto que estas introducciones producen en nuestro medio.
Aeonium percarneum y Aeonium manriqueorum epífitos sobre el tronco de una palmera canaria (Phoenix canariensis)
Hay que tratar con cuidado la elección de las plantas que introducimos en nuestros jardines y zonas verdes, y hay que conocer con detalle el efecto que estas introducciones producen en nuestro medio.

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Washingtonia robusta
martes, 15 de junio de 2010
Washingtonia robusta. La invasión urbana (de momento).
Las palmeras son uno de esos grupos vegetales que tienen buena prensa. Quizá por la asociación que hacemos en las islas con la palmera canaria, nunca solemos pensar en una palmera como en una planta invasora. Así, cuando se limpian de "malas hierbas" los bordes de carreteras y los parques, nadie se atreve a arrancar una palmera, y ahí se pueden ver, bordeando las carreteras y en multitud de jardines y parques, pequeñas palmeras espontáneas. La mayoría de estas pequeñas palmeras que vemos a lo largo de estas carreteras pertenecen a la especie Washigtonia robusta (no confundir con Washigtonia filifera, de tallo más grueso, hojas más anchas, grandes y con largos filamentos pajizos). Esta palmera de abanico de origen mexicano se extiende por las zonas urbanas y periurbanas, y germina de semilla con gran facilidad, quizá favorecida por la ingestión de sus semillas por algunas aves urbanas, como los mirlos (Tordus merula). Sólo necesita un poco de suelo y
agua. En las medianías del norte, cuando hay adultos cerca, esta palmera puede llegar a ser un problema para los pequeños huertos cercanos a los pueblos. La popularidad que tiene esta palmera como ornamental de rápido crecimiento le ha servido para extenderse por toda la geografía insular. De momento no se han encontrado palmeras de abanico en los palmerales autóctonos más sobresalientes, pero si en sus cercanías, como en Tafira, Tamaraceite o Gáldar. Es muy común encontrarla incluso bajo el dosel de especies de monte verde en el Jardín Botánico Viera y Clavijo. En algunos barranquillo de zonas periurbanas cuya vegetación autóctona está hoy en recuperación es posible encontrar grupos de Washigtonia robusta simulando un palmeral natural (en la tercera imagen, un barranquillo del Salto del Negro, un barrio de Las Palmas de Gran Canaria).
Estas "señales" nos indican que la planta puede prosperar en zonas de medianías, y que puede aparecer en estos ambientes en poco tiempo. La facilidad de su erradicación, si se encuentra en sus primeros momentos de instalación, se contrapone a las dificultades que puede acarrear eliminarla de un lugar si alcanza la edad adulta, no sólo por su tamaño, sino por la gran can
tidad de semillas que produce un único individuo. Esta palmera, como la canaria y muchas otras, es dioica, es decir, hay pies masculinos y pies femeninos. Sería deseable que se utilizasen en jardinerio únicamente pies masculinos, para evitar en lo posible su proliferación, más que probable, en un futuro.
Estas "señales" nos indican que la planta puede prosperar en zonas de medianías, y que puede aparecer en estos ambientes en poco tiempo. La facilidad de su erradicación, si se encuentra en sus primeros momentos de instalación, se contrapone a las dificultades que puede acarrear eliminarla de un lugar si alcanza la edad adulta, no sólo por su tamaño, sino por la gran can
tidad de semillas que produce un único individuo. Esta palmera, como la canaria y muchas otras, es dioica, es decir, hay pies masculinos y pies femeninos. Sería deseable que se utilizasen en jardinerio únicamente pies masculinos, para evitar en lo posible su proliferación, más que probable, en un futuro.
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Washingtonia robusta
jueves, 20 de agosto de 2009
Especies invasoras en Fuerteventura. II
Fuerteventura es quizá la isla del Archipiélago Canario que mayor número de nuevas citas de especies exóticas ha recibido en los últimos años: Maireana brevifolia, Ageratina adenophora, Imperata cilindrica, Conyza canadensis, Ipomoea pes-caprae, etc. Sin duda se debe a la entrada de multitud de especies vegetales para su uso ornamental, o de manera accidental en los plantones de otras especies importadas. Pero la entrada de nuevas especies a la Isla no representaría un problema si no pudiesen asilvestrarse, y, en una isla con las condiciones hídricas de Fuerteventura eso no sería posible sin la ayuda del hombre.
La mayoría de las especies anteriormente citadas lograr aclimatarse gracias a las pequeñas corrientes de agua que producen los desagües de las urbanizaciones. no de aguas fecales, sino del agua de riego.
En la primera imagen que acompaña a esta entrada pueden verse dos puntos en la ladera de la playa de Butihondo, resultantes de estos desagües. En ellos aparecieron por primera vez en Fuerteventura Ageratina adenophora y Conyza canadensis, y les acompañan otras invasoras, como Lantana camara y Washingtonia robusta.
En otra imagen de otro rezumadero en el mismo barranco es posible encontrar un núcleo con Imperata cilindrica, Washingtonia robusta y Pennisetum setaceum.
Eliminar estas especies resultaría muy fácil, bastaría con cortar este suministro superficial de agua, ya que, en condiciones naturales, sería imposible que estas plantas lograran colonizar este tramo de costa.


La mayoría de las especies anteriormente citadas lograr aclimatarse gracias a las pequeñas corrientes de agua que producen los desagües de las urbanizaciones. no de aguas fecales, sino del agua de riego.
En la primera imagen que acompaña a esta entrada pueden verse dos puntos en la ladera de la playa de Butihondo, resultantes de estos desagües. En ellos aparecieron por primera vez en Fuerteventura Ageratina adenophora y Conyza canadensis, y les acompañan otras invasoras, como Lantana camara y Washingtonia robusta.En otra imagen de otro rezumadero en el mismo barranco es posible encontrar un núcleo con Imperata cilindrica, Washingtonia robusta y Pennisetum setaceum.
Eliminar estas especies resultaría muy fácil, bastaría con cortar este suministro superficial de agua, ya que, en condiciones naturales, sería imposible que estas plantas lograran colonizar este tramo de costa.
Ageratina adenophora, el hediondo o espuma de mar. Recientemente citada para la isla, aunque se piensa que está ligada al monte verde, esta especie mexicana puede aclimatarse a cualquier zona, siempre que no le falte el agua.
Es difícil encontrar un desagüe en el que no esté presente la palmera de abanico mexicana Washingtonia robusta.
Rezumadero con Washingtonia robusta, Imperata cilindrica y Pennisetum setaceum, entre otras especies invasoras. Esta última todavía no alcanza en Fuerteventura la ocupación de otras islas, por lo que sería muy importante actuar sobre estas poblaciones incipientes.
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