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domingo, 3 de enero de 2021

De aquellos polvos, estos lodos. Las invasiones de ahora, los errores de antaño. Las invasiones del futuro, los errores de hoy.

    Hoy no se discute la importancia del efecto que producen las especies invasoras sobre el medio. Para evitarlo tenemos una buena cantidad de normativa, todos los proyectos, planes de gestión, de organismos públicos y privados, tienen en cuenta este tema. Pero llama la atención que, cuando más concienciados estamos y mejores herramientas tenemos para evitarlas y combatirlas, el número de especies invasoras y sus efectos se multipiquen.

    Y esto tiene una explicación simple que muchas veces se nos escapa por nuestra falta de perspectiva, por la inmediatez en la que estamos sumidos desde hace años. Las invasiones actuales se deben, en gran parte, a los errores que cometimos hace 50 años: Pennisetum setaceum se introdujo en Canarias quizá en la década de los 50. La primera cita de esta planta asilvestrada se localiza en el Puerto de la Cruz en 1963; la ardilla moruna, Atlantoxerus getulus, se introdujo en Fuerteventura en 1965; muchas especies que hoy son un problema ambiental, como Cortaderia selloana, Whashingtonia robusta o Eschscholzia californica, fueron promovidas por los ajardinamientos de urbanizaciones y carreteras que conllevaron la expansión turística de esa misma época.

    Han sido necesarias varias décadas para que podamos apreciar el efecto de la expansión de estas especies. ¿Qué ocurrirá dentro de 50 años con las especies que hoy estamos introduciendo en las islas y que hoy no aparentan ser un problema? Las normas, los proyectos, no deberían limitarse a lo que hoy ya conocemos como especies invasoras, sino, en general, deberian evitar la introducción de especies en las Islas. Tenemos que sacar conclusiones de la historia vivida, si no, ¿de qué habrá servido tanto conocimiento acumulado y tanto dinero gastado? Sin contar con las posibles especies desaparecidas por este motivo, entre otros.

Imagen de Pennisetum setaceum en Guayedra. Tomada por Gunther Kunkel a finales de los años 60. Su primera cita en la zona se debe a P. Sunding en 1966

 

Aspecto actual de la invasión de Pennisetum setaceum en Guayedra (Gran Canaria)


Jardines del Aeropuerto de Los Rodeos en Tenerife hacia finales e los años 60. Entre los setos se observa un ejemplar joven de Cortaderia selloana. Hoy la planta está muy extendida por toda la zona.


Imagen de 1971 del antiguo Mirador de El Lasso, en Las Palmas de Gran Canaria. En primer término Cortaderia selloana.

 

Imagen de los ajardinamientos de la Playa de Los Cristianos (Tenerife). Año 1971. Cortaderia selloana a ambos lados de la carretera. Este tipo de ajardinamiento de carreteras sigue siendo habitual en las Islas.

 

Proliferación de Eschscholzia californica en las proximidades de Bandama (Gran Canaria)


Eschscholzia californica



sábado, 14 de septiembre de 2019

Los incendios de este verano en Gran Canaria y su efecto sobre las especies invasoras. Un buen momento para el estudio y la reflexión.

    La enorme gravedad de los incendios producidos en Gran Canaria este verano de 2019 va a tener consecuecias en todos los ecosistemas y especies afectadas.
    En esta entrada hablaremos sólo de las especies vegetales, por su mayor afección y por el mayor conocimiento que tenemos de este grupo biológico. Sin duda, las poblaciones de conejos y de otros herbívoros introducidos, también se ha visto afectada, y sobre todo sus zonas de alimentación. La gran mayoría de los animales supervivientes tendrán que descender a cotas inferiores, pero con las primeras lluvias se producirá una importante germinación de herbáceas y de plántulas que servirán de alimento a estos animales, por lo que su efecto sobre la regeneración de matorrales y bosques será, sin duda, muy importante.
    Lo primero que ocurrirá, como pasó en el pinar del sur despues del incendio de 2007, es que los pinares quemados se cubrirán de hierbas nitrófilas, como las que crecen habitualmente en los campos de cultivo o en los bordes de pistas o carreteras. Los cenizos (Chenopodium murale, Chenopodium album), ortiga, cardos (Galactites tomentosa sobre todo), e icluso las amapolas borrachas (Papaver somniferum),  serán muy abundantes, aprovechando el enriquecimiento en sales que produce la ceniza. Pero estas plantas desaparecerán rápidamente cuando los pinos recuperen sus hojas y den sombra al suelo.

Imagen de una zona incendiada en Ariñez (Valleseco-San Mateo). Debajo de los pinos quemados (Pinus insignis), crecen abundantes hierbas nitrófilas y arbustos como Artemisia thuscula
 
 Detalle de la zona anterior, con un estrato herbáceo dominado por Galactites tomentosa, el cardo borriquero.


 Imagen posterior al incendio de las Mesas de Ana López. Bajo el pino canario quemado crece Eschscholzia californica, la amapola de California. esta hierba no es frecuente en la zona, pero apareció en ésta cuando se produjo el incendio.


    Pero si nos centramos en las especies vegetales introducidas e invasoras, perennes el panorama no es mejor.
    Las especies más beneficiadas son, sin duda, Pennisetum setaceum y Arundo donax. Ambas especies son pirófitas reconocidas, y la "limpieza" que ha producido el fuego sobre su parte aérea las favorece. Rebrotarán rápidamente. De hecho hace pocos días aparecía en la prensa local la siguiente noticia: "Los primeros brotes verdes en el paisaje calcinado" (10-9-2019), y se acompañaba de una imagen del rebrote de Arundo donax. Incluso antes de las primeras lluvias de otoño, estas especies rebrotarán y no tendrán competencia para progresar. Especial importancia tendrá este efecto en los bordes del pinar de Tamadaba y Tirma, donde el matorral que compite con Pennisetum setaceum, constituido por tabaibas (Euphorbia regis-jubae) y jaguarzos (Cistus monspeliensis), sí se ve muy afectado por un incendio. Además, la falta de vegetación produce que el suelo se deshaga y exista un importante efecto erosivo que todavía favorece más la presencia del rabo de gato.

 Rebrote de Arundo donax tras el incendio de 2007.

 Aspecto de una ladera de Tirma antes del incendio. Se aprecian los ejemplares de Euphorbia canariensis, una almácigo en el centro de la imagen (Pistacia atlantica) en una matriz de tabaibas y jaguarzos. Los ejemplares de Pennisetum que aparecen en la foto se limitan a las zonas sin vegetación. Cuando el fuego arrasa la vegetación natural, el rabo de gato puede ocupar libremente el territorio.


 Rebrote de Pennisetum setaceum tras su quema.

    Otras especies invasoras que rebrotarán fácilmente son los geófitos y hemicriptófitos, es decir, plantas adaptadas a sobervivir enterradas durante la temporada desfavorable, y a producir sus tallos y hojas cada año. Para ellas un incendio, si no es muy intenso, no produce graves daños y son capaces de rebrotar como lo harían sin este. Entre las especies invasoras de la zona hay varias con estas características: Erigeron karviskianus, que crece en rezumaderos y paredes húmedas, en competencia con importantes especies endémicas, como Hypericum coadunatum, Aichryson porphyrogennetos, Scrophularia calliantha, etc.; Chesmanthes spp., las especies de este género acupan grandes superficies del monte verde y son muy abundantes en todo el Barraco del Andén, El Pinillo, Fontanales,etc.; la trebolina, Oxalis pes-caprae, abundantísima en la parte baja con orientación norte de la zona afectada.

 Erigeron karviskianum

    Rebrotarán también los eucaliptus, Ailanthus altissima, los olmos y chopos, de la zona. Y los pinos alóctonos, Pinus pinea, Pinus insignis, Pinus halepensis, que no resistirán el fuego, pero cuyas semillas sí, y que pueden verse favorecidas por el propio incendio, mejorando su capacidad de germinación.

 Pinus pinea juveniles en Tamadaba, en la zona de Los Pinos Dulces. En ese sector del bosque es frecuente el pino piñonero. Hasta el momento la población de Pinus pinea se ha mantenido permanente, sin apenas progresar en suprficie. Tras el incendio habrá que estudiar si el fuego facilita la progresión de la especie.

    Mucho trabajo, tanto de observación para conocer cómo afectará el incendio a otras especies invasoras, como Ageratina adenophora, Tradescantia fluminensis, Centranthus ruber, como de trabajo de campo, para ver si alguna otra especie hasta ahora sin comportamiento invasor, adquiere esta condición favorecida por el incendio. Habrá que estar atentos.

Acacia saligna (=A. cyanophylla) en Tamadaba, en su vertiente norte, cerca del Cortijo de Sanso. Otra especie de la que se tendrá que estudiar su respuesta al incendio.

domingo, 5 de agosto de 2018

Californication

   Este pasado mes de julio ha habido una avalancha de noticias sobre la culebra real de California en Gran Canaria (Lampropeltis getula californiae) (ver las últimas en este enlace). Desde la presencia de un ejemplar en un supermercado de Gáldar, la asiduidad en que aparecen en el barrio de La Gavia (Valsequillo), el anuncio de más medios por parte del Gobierno de Canarias para combatir la ya denominada plaga de serpientes y para que no se inroduzca en otras islas, etc., etc. Podría hablarse de una verdadera "serpiente de verano" si el caso no fuese tan importante.
   Pero no es esta culebra real la única especie californiana que nos invade desde hace unos años. Es ya muy común en Canarias (sólo falta en La Gomera y Fuerteventura) la flor emblemática del estado de California, la amapola de california, Eschscholzia californica. Lamentablemenete, y a pesar de que se encuentra incluida en el catálogo nacional de especies exóticas invasoras, esta bonita flor se sigue plantando como ornamental, ahora en la Península Ibñerica, más concretamente en la región de Murcia (ver https://www.murcia.com/noticias/2018/07/15-ahora-murcia-alerta-de-la-temeridad-del-ayuntamiento-y-del-concejal-jose-guillen-por-plantar-en-murcia-amapolas-californiana.asp)
   Otras muchas especies que están ganando terreno en nuestras islas proceden también de esta zona fronteriza entre México y Estados Unidos. Muchas plantas de la familia de las cactáceas, sobre todo de los géneros Opuntia y Cylindropuntia, son las tuneras y las choyas.
Sin duda puede hablarse de una "californicación" de nuestro medio. Y si hablamos de californicación (californication en inglés), hay que poner esta canción de los Red Hot Chili Pepers, nuestro grupo favorito, de cuyo vídeo sacamos la siguiente imagen del vocalista del grupo, Anthony Kiedis, tendido en un campo de amapolas de California, después de caer desde una libélula (ellos son así). Como si estuviese en Vilaflor o en Tafira.






 Culebra real de California, Cylindropuntia prolifera y amapola de California. Tres ejemplos de la californication que estamos sufriendo.



martes, 16 de abril de 2013

La amapola de California, una invasora ¿símbolo vegetal de Tenerife?

No es la primera vez que aparecen en este blog ejemplos del desconocimiento que la sociedad tiene sobre su patrimonio natural. Ahora, y por la amabilidad infinita de Juan Luis Rodríguez Luengo, llega hasta este blog una imagen que está siendo utilizada como postal de Tenerife, en la que se ve el pueblo de Vilaflor y, en primer término, un grupo de amapolas de California (Eschscholzia californica). Además, por comentarios de varias fuentes diferentes, parece que la población de esta zona del sur tinerfeño, está adquiriendo la idea de que esta bonita flor es un "valor" paisajístico de la zona. ¿Qué ocurrirá cuando, en aplicación de la legislación vigente, alguien pretenda erradicar esta planta de nuestros montes? Pues que aparecerán voces pidiendo detener tal salvajada, como ocurrió hace poco cuando se intentó incluir al almendro en el listado de especies exóticas con potencial invasor, en Gran Canaria y Tenerife. Si cala entre la gente esta idea de que la amapola de California es "un bonito adorno de nuestros campos", no se podrá actuar sobre ella sin tener que luchar contra esta pretendida opinión social.
No es menor el problema de la falta de educación ambiental.
Esta es la imagen del bellísimo pueblo de Vilaflor, en Tenerife, y de las amapolas de California en primer término. Pueden parecer bonitas, pero en realidad son dañinas para el medio. NO deberían considerarse plantas ni típicas ni con valor ornamental.

domingo, 3 de mayo de 2009

Algunas papaveráceas invasoras en Canarias

El amigo Fabián Hernández Romero envía una imagen de Eschscholzia californica recogida en un erial próximo a la Facultad de Biología en La Laguna (Tenerife) además de explicar su preocupación sobre la presencia de esta planta en zonas de pinar canario de esa Isla. La inquietud de Fabian nos sirve para reflexionar sobre las popularmente llamadas "amapolas", plantas herbáceas anuales de la familia de las Papaveráceas, con pétalos llamativos, y calificados como malas hierbas propias de campos de cultivo de secano y abandonados, bordes de carreteras, etc. En Canarias las más conocidas son la amapola común (Papaver rhoeas), la adormidera, conocida en Canarias como amapola borracha o amapolón (Papaver somniferum), el cardo santo o amapola amarilla (Argemone mexicana y Argemone ochroleuca, consideradas en ocasiones como una única especie), y la ya comentada amapola de California (Eschscholzia californica).
Las dos especies del género Papaver son consideradas como posiblemente nativas, mientras que las otras dos son calificadas como introducidas e invasoras (según el Listado de Especies Silvestres de Canarias). Las amapolas del género Argemone viven en las zonas más secas, en cauces de barrancos y derrubios, y puede invadir comunidades de fondos de barranco, sin ocasionar graves transtornos al medio (difícilmente puede catalogarse como especie transformante).
La amapola de California crece desde las medianías hasta las cumbres de Tenerife y Gran Canaria, y ha sido citada también en El Hierro, La Palma y Lanzarote, ocupando bordes de carreteras, campos abandonados, e incluso presentándose en pinares quemados al poco de ocurrir este incidente. A pesar de su fama de invasora, tampoco parece que altere gravemente el hábitat donde crece, y en escasísimas ocasiones aparece en lugares nada o poco alterados por el hombre. De hecho, en Tenerife puede verse por la cerretera que asciende desde La Laguna hasta el Parque Nacional de Las Cañadas del Teide, pero no parece adentrarse en el pinar ni mucho menos en las comunidades de cumbre de Tenerife.
Su consideración podría limitarse a ser tratada como una mala hierba, eso sí, muy llamativa y espectacular, lo que produce una mayor preocupación en los gestores de estos medios que si pasara desapercibida, como ocurre con una gran cantidad de malas hierbas que tienen similar comportamiento. En esta ocasión su espectacularidad juega en su contra. En Gran Canaria actúa más extensamente, ocupando muchos campos de cultivo abandonados, de donde no se plantea su erradicación e incluso "da belleza al paisaje".
Sobre la consideración de las amapolas del género Papaver, su distribución mediterránea hace muy difícil conocer si son autóctonas o no, aunque en el caso de la adormidera, su uso como planta ornamental puede implicar que se introdujo de esta manera en las Islas.






Papaver rhoeas
, la amapola común, de distribución mediterránea y por tanto posiblemente autóctona en Canarias.













Papaver somniferum, la adormidera. Amapola cultivada desde antiguo como ornamental y medicinal. De muy difícil catalogación. Considerada como posiblemente nativa.















Argemone ochroleuca, especie mesoamericana, considerada por algunos autores distinta a Argemone mexicana. En Canarias se ha citado en Gran Canaria y Tenerife


























Argemone mexicana, llamado cardo santo en su zona de origen. Común en zonas bajas y secas de La Palma, Tenerife, Gran Canaria y posiblemente de Lanzarote.
























Eschscholzia californica, detalle de la imagen cedida amablemente por Fabián Hernández, obtenida en La Laguna, Tenerife











La amapola de California creciendo en la base de un pino quemado a 1800 m de altitud en las cumbres de Gran Canaria. Cuando el pinar se recuperó la amapola desapareció del pinar, limitándose a los bordes de la carretera próxima.









Campo de cultivo abandonado y cubierto por la amapola de California en las proximidades de Bandama, Gran Canaria, a unos 500 m de altitud.

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Las especies invasoras en el año internacional de la Biodiversidad